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XIII. Mientras tanto, el Rito Nacional Mexicano estaba floreciente. En 1848 trabajaban con regularidad las Grandes Logias de México, Guadalajara, Toluca y San Luis Potosí. En Durango, Querétaro, Puebla Veracruz y Oaxaca se mantenían representantes comisionados para establecer las Logias respectivas. Varios masones de origen francés se reunieron para formar una Logia Simbólica de San Juan, bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia; y obtenida la patente adoptaron el nombre de Hospitalarios de los Dos Mundos, aunque en 1859 algunos se separaron y fundaron otra Logia perteneciante al Rito Escocés Antiguo, llamada Unión Fraternal Número 2, a la cual se debe el renacimiento de ese Rito, auspiciado por el Gran Oriente Neo-Granadino.
Aparte de que la masonería no abandonaba la causa federalista, procuraba uniformar, bajo la presidencia del Gral Herrera, la opinión de que se reconociera la independencia de Tejas, a condición de que no se agregara al país vecino, y de que en caso de que no pudiese subsistir por sus propios recursos, volviera a ser parte integrante de la república Mexicana. Sin embargo, la indecisión del Presidente Herrera, quien quería permanecer libre de todo compromiso con los partidos políticos, determinó la anexión de Texas a los Estados Unidos, lo cual provocó acusaciones de traición contra el propio Presidente y sus Ministros Manuel de la Peña y Peña, Bernardo Couto, Pedro Fernández del Castillo y Pedro María Anaya. A la sazón, Santa Anna encabezó una asonada; los sublevados tomaron prisioneros al Presidente y a tres de sus Ministros; pero fueron reducidos al orden, gracias a la entereza del mismo Herrera y al auxilio oportuno del Coronel Uranga. Santa Anna se refugió en Cuba. El Gral. Paredes ofrece al clero relevarlo de entregar al gobierno quince millones de pesos para salvar la crisis del Erario; y con su apoyo, pretextando que debía seguirse la guerra contra Estados Unidos por la anexión de Tejas, se alza el 14 de diciembre de 1845, en San Luis Potosí. Esta insurrección tan impolítica, recibe un gran respaldo popular; y en vez de que Paredes marchara al rescate de Texas, vino a la Ciudad de México y derrocó al gobierno, haciendo que el Gral. Herrera entregara el poder al Gral. Valencia, como consecuencia de la toma de la Ciudadela, ocurrida el 8 de diciembre de ese año.
Según Acta del 24 de enero de 1846 quedó modificado el Plan de Jalisco, cesando en sus funciones los Poderes Legislativo y Ejecutivo. Paredes a una llamada Junta de Naturales que no eran otros que algunos vecinos de los Departamentos centralistas, y no de los Estados federalistas; y esa Junta lo nombró jefe del Ejecutivo mientras se reunía un Congreso extraordinario al que también él debía convocar. Espurio y confuso, el gobierno del Gral. Mariano Paredes Arrillaga, se comportó entreguista con el clero y solapadamente partidario de una monarquía, idea ésta que a su vez apoyaban los masones escoceses en el periódico "El Tiempo", sustituto de otro que se llmó "El Sol". Mediante leva e incorporando presidiarios al Ejército, Paredes creía fortalecerse; y condescendía a tal grado con los españoles que cuando el escritor Carlos María Bustamante se expresó desfavorablemente de ellos, sus reclamaciones fueron atendidas. Esos españoles recomendaban la unión con la madre patria, para contener el avance de los norteamericanos sobre la orilla izquierda del río Bravo. Por entonces, las fuerzas militares que estaban en San Luis se insubordinaron; y fue necesario remitirles $50,000.00 para que se movilizaran hacia la frontera.
La prensa comenzó a insinuar la conveniencia de derrocar a Paredes, pidiendo el regreso de Santa Anna con el señuelo de que para entonces, se restablecería el federalismo.
El 8 de mayo de 1846 ocurrió el primer encuentro entre tropas norteamericanas mexicanas, en Palo Alto, con consecuencias fatales para México, en virtud de la superioridad de las armas enemigas. Nuestro pueblo y con él los Masones, se alistaron para la defensa, enardecidos por otra sonada derrota, en la Resaca de Guerrero, al día siguiente de la de Palo Alto. Pero los partidarios de Santa Anna estaban ocupados en organizar un pronunciamiento para derrocar a Paredes; y aunque éste solicitó al clero un préstamo de dos millones cuatrocientos mil pesos, pagadero en doce mensualidades, a fin de soportar los inminentes gastos de guerra, no llegó a obtenerlos y eso acabó de desprestigiarlo.
Así las cosas, el Comandante José María Yáñez con ochocientos soldados, se pronunció el 20 de mayo de 1846 en Guadalajara, desconociendo al Presidente Paredes y convocando a un Congreso que establecería la forma de gobierno conveniente a la Nación. Los Generales Guadalupe Montenegro y Guadalupe Perdigón, masones del Rito Nacional Mexicano, secundaron aquel movimiento; y con ellos la Gran Logia de Jalisco y las que de ella dependían. Pronunciamientos similares se produjeron en otros puntos de la República; pero el más importante fue encabezado por el Gral. Mariano Salas en la capital, habiendo ocupado la Ciudadela, el 4 de agosto de 1846. El Gral. Paredes fue tomado prisionero; se le envió a Perote; pero al mismo tiempo se pidió el regreso del Gral. Santa Anna, quien procedente de Cuba, había desembarcado en Veracruz, ya el mismo Salas había declarado restablecido el sistema federal; y hábilmente Santa Anna se manifestó federalista.
Los masones se aprestaron a la integración de la Guardia Nacional, fomando un cuerpo de Artillería, denominado "Guerrero", del cual fue Coronel Dn. Manuel Crescencio Rejón; y él mismo, como Ministro de Relaciones, rechazó la propuesta de Comodoro O'Coner para que la anexión de Tejas se tuviera por un hecho consumado y por terminado el conflicto con Estados Unidos. Santa Anna encargó el gobierno al Gral. Salas, para tomar el mando de las armas. En la mayor parte de las Logias masónicas, se suspendieron los trabajos para atender la defensa armada de la Nación, empresa que se dificultaba por falta de fondos. El Presidente Salas decretó un préstamo forzoso de dos millones de pesos, garantizado con bienes del clero; pero antes de ponerlo en operación, se supo en México que la prensa de Nueva York mencionaba un tratado por el cual Santa Anna entregaría a Estados Unidos el territorio de Tejas.
De la Historia de la Masonería en México, escrito por José María Mateos.
Resumen por Ma. Luisa Gómez S. y Celia C. de Atayde.
Keywords:
Masonería, Masonry, Maçonnerie, Mauerwerk, Muratura, Maçoneria, Fábrica, Saoirseachta, Múrvek, Kamieniarstwo, Alvenaria
miércoles, 25 de noviembre de 2015
4- LA MASONERÍA EN MÉXICO
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IX. Los masones mexicanos abrazaron la causa del federalismo con Gómez Farías a la cabeza. Los "anfitiones" (deben ser "anfictiones" ciertos diputados de la antigua Grecia) cuyo Supremo Arconte era el mismo Gómez Pedraza y Vicearconte Manuel Crescencio Rejón, se mostraban tan moderados y puritanos, que eran una rémora para la marcha de la Nación.
En 1837, gestándose ya la invasión francesa, las Logias del Rito Nacional Mexicano se aprestaron a la defensa, dejando pendiente su tendencia federalista. El clero, siempre oportunista y convenenciero, casi le retiró su apoyo a Bustamante y sus seguidores, masones escoceses. El país había contraído enormes deudas. La invasión, intentada en Antón Lizardo, Isla de Sacrificios, San Juan de Ulúa y Puerto de Veracruz, fue rechazada el 5 de diciembre de 1838 por los masones de las logias de Veracruz y por el vecindario; pero cuando las tropas francesas ya se retiraban, Santa Anna llegó al muelle y así recobró popularidad, reasumiendo la Presidencia de la República, por una licencia que concedió a Bustamante, quien se dedicó entonces a reprimir los brotes federalistas que dirigieron los generales Urrea y Mejía. Mejía, que había sido un militar muy adicto a Santa Anna, fue fusilado en Acajete, Pue., por intrigas de José Ma. Tornel. Ambos eran masones yorkinos. Urrea quedó preso y Gómez Farías fue desterrado. Poco después, Bustamante volvió a suplir a Santa Anna en la Presidencia.
En 1850, una nueva embestida de las Logias Mexicanas en combinación con Urrea, cuya libertad reclamaron, y con Gómez Farías que había regresado subrepticiamente, fracasó rotundamente a pesar de la decidida colaboración del Coronel Falcón. En esa ocasión, ya se había ocupado el Palacio Nacional y se había tomado preso a Bustamante; pero se descuidó la toma de la Ciudadela y del Convento de San Agustín. Los sublevados se disolvieron por falta de parque, Bustamante quedó libre. Fue entonces cuando José Ma. Gutiérrez Estrada propuso en un folleto, que para restablecer el orden, se llamara a un príncipe de casa reinante en Europa y se instituyera una monarquía en México. Repudiado por traidor, Estrada escapó a Cuba; pero años después, se dio el gusto de ofrecer a Maximiliano el trono de México.
XII. Santa Anna, aparentemente retirado del gobierno central, era Comanante Militar en Veracruz, desde donde incitó a los federalistas contra Bustamante, conduciendo sus tropas hasta la toma de Tacubaya. Almonte, Ministro de Bustamante, creyó salvarlo proclamando la Federación; pero ya era tarde. Bustamante tuvo que retirarse y, perseguido por Santa Anna, marchó a Europa. La farsa de una supuesta Junta Consultiva, tuvo al mismo Santa Anna como electo, una vez más, Presidente de la República; y lejos de restablecer el sistema federal, comenzó a ejercer una franca dictadura a partir de 1841.
El 18 de febrero de 1842, la masoneria mexicana celebró una asamblea general e la que se denunciaron las irregularidades del Dictador, tales como haber falseado la revolución federalista; perseguido a los que no se adhirieron a su ambición retirando la moneda de cobre; ocultar la mala situación del Erario; tomar por leva a artesanos y jornaleros; simular plazas militares que no existían; disimular el contrabando, la corrupción de la justicia mal pagada; y desentenderse de la desmembración del territorio nacional en Yucatán y Tejas. A causa de esta denuncia, las elecciones que tuvieron lugar el 5 de marzo de ese año, para designar electores que debian a su vez, elegir Diputados a un Congreso Constituyente, lograron una mayoría liberal que preocupaba no sólo a Santa Anna que sentía tambalearse la dictadura, sino también al Clero, pues a pesar de que éste tenía grandes resentimientos por habérsele exigido altas contribuciones, por haberse dispuesto de la plata de los Jesuitas, depositada con el Obispo de Puebla, por haberse adjudicado a un tal General Valencia una importante finca de los Juaninos, deciéndole además la administración del Fondo Piadoso de las Californias, el propio Clero temía mucho más que nada, al federalismo triunfante y a la reforma que se avecinaba.
Ante el Congreso Constituyente instalado el 10 de junio siguiente, Santa Anna se atrevió a defender el centralismo; y algunos diputados presentaron un proyecto que conciliaba su postura con el federalismo. El proyecto se retiró y las Logias redoblaron sus esfuerzos en pro del federalismo, apoyados por la prensa. Finalmente, la causa triunfó; Santa Anna, desairado y mal dispuesto, siguió cometiendo abusos y errores contra el federalismo; por ejemplo exigir en Yucatán impuestos de un real por cada canal y otro por cada rueda de coche, arrendar la Casa de Moneda de Zacatecas por 14 años, seguir comprometiendo el honor nacional en Tejas, etc. El 26 de octubre de 1842 se retiró del gobierno y lo entregó a Nicolás Bravo; pero a base de nuevas intrigas, aliado como siempre con las milicias y los clericales, logró que en San Luis Potosí, Querétaro, Puebla y otras entidades, se pidiera la disolución del Congreso Constituyente y que una Junta de Notables fuese comisionada para formular la Constitución aún pendiente. A esto se oponían naturalmente los ciudadanos liberales y las milicias cívicas, en cuyo seno figuraban los masones. Muy vacilante, el Presidente Nicolás Bravo, atemorizado además por los levantamientos que propiciaba el Ministro García Tornel, por Decreto del 19 de diciembre de 1842 disolvió el Congreso y designó la susodicha Junta de Notables, contra toda protesta del propio Congreso presidido por Francisco Elorriaga. El 6 de enero de 1843, la Junta se constituyó en Nacional Legislatura, presidida por aquel General Valencia, favorecido de Santa Anna. Se alegó airadamente que esa Legislatura no representaba al Pueblo y, por lo mismo, carecía de toda facultad legal. No obtante, habiendo sido hechos prisioneros los dirigentes liberales como Gómez Pedraza, Mariano Otero, José Ma. Lafragua y otros, Santa Anna relevó al Presidente Bravo; y volvió, el 5 de mayo de ese año, a gobernar dictatorialmente.
El 24 de junio de 1844, fecha en que los masones se disponían a celebrar la fiesta de su orden, se vieron atacados agresivamente por el gobierno. Se les clausuró la imprenta de su propiedad, en la que se editaba el periódico llamado "El Diablo Cojuelo" (tal vez aludiendo a la cojera de Santa Anna); y se apresó a muchos de ellos. No obstante, el periódico siguió apareciendo con gran extrañeza de sus enemigos.
Ante esas y otras mayores arbitrariedades, el Gral. Céspedes se pronunció en la Acordada, secundado por el Gral. Paredes en Guadalajara. Los militares que debieron defender el Palacio Nacional, bajo las órdenes del Gral. Canalizo, defeccionaron, secundando el movimiento llamando para que se hiciera cargo del Gobierno, al Gral. José Joaquín de Herrera, quien restituyó el Congreso Constituyente. Estos acontecimientos entusiasmaron al pueblo; la estatua de Santa Anna que se alzaba en el Mercado, fue derribada, así como el monumento que contenía su píe; y se quemaron sus retratos. Pero no obstante la caída del dictador, los masones no estaban de acuerdo con el pronunciamiento del Gral. Paredes.
De la Historia de la Masonería en México, escrito por José María Mateos.
Resumen por Ma. Luisa Gómez S. y Celia C. de Atayde.
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IX. Los masones mexicanos abrazaron la causa del federalismo con Gómez Farías a la cabeza. Los "anfitiones" (deben ser "anfictiones" ciertos diputados de la antigua Grecia) cuyo Supremo Arconte era el mismo Gómez Pedraza y Vicearconte Manuel Crescencio Rejón, se mostraban tan moderados y puritanos, que eran una rémora para la marcha de la Nación.
En 1837, gestándose ya la invasión francesa, las Logias del Rito Nacional Mexicano se aprestaron a la defensa, dejando pendiente su tendencia federalista. El clero, siempre oportunista y convenenciero, casi le retiró su apoyo a Bustamante y sus seguidores, masones escoceses. El país había contraído enormes deudas. La invasión, intentada en Antón Lizardo, Isla de Sacrificios, San Juan de Ulúa y Puerto de Veracruz, fue rechazada el 5 de diciembre de 1838 por los masones de las logias de Veracruz y por el vecindario; pero cuando las tropas francesas ya se retiraban, Santa Anna llegó al muelle y así recobró popularidad, reasumiendo la Presidencia de la República, por una licencia que concedió a Bustamante, quien se dedicó entonces a reprimir los brotes federalistas que dirigieron los generales Urrea y Mejía. Mejía, que había sido un militar muy adicto a Santa Anna, fue fusilado en Acajete, Pue., por intrigas de José Ma. Tornel. Ambos eran masones yorkinos. Urrea quedó preso y Gómez Farías fue desterrado. Poco después, Bustamante volvió a suplir a Santa Anna en la Presidencia.
En 1850, una nueva embestida de las Logias Mexicanas en combinación con Urrea, cuya libertad reclamaron, y con Gómez Farías que había regresado subrepticiamente, fracasó rotundamente a pesar de la decidida colaboración del Coronel Falcón. En esa ocasión, ya se había ocupado el Palacio Nacional y se había tomado preso a Bustamante; pero se descuidó la toma de la Ciudadela y del Convento de San Agustín. Los sublevados se disolvieron por falta de parque, Bustamante quedó libre. Fue entonces cuando José Ma. Gutiérrez Estrada propuso en un folleto, que para restablecer el orden, se llamara a un príncipe de casa reinante en Europa y se instituyera una monarquía en México. Repudiado por traidor, Estrada escapó a Cuba; pero años después, se dio el gusto de ofrecer a Maximiliano el trono de México.
XII. Santa Anna, aparentemente retirado del gobierno central, era Comanante Militar en Veracruz, desde donde incitó a los federalistas contra Bustamante, conduciendo sus tropas hasta la toma de Tacubaya. Almonte, Ministro de Bustamante, creyó salvarlo proclamando la Federación; pero ya era tarde. Bustamante tuvo que retirarse y, perseguido por Santa Anna, marchó a Europa. La farsa de una supuesta Junta Consultiva, tuvo al mismo Santa Anna como electo, una vez más, Presidente de la República; y lejos de restablecer el sistema federal, comenzó a ejercer una franca dictadura a partir de 1841.
El 18 de febrero de 1842, la masoneria mexicana celebró una asamblea general e la que se denunciaron las irregularidades del Dictador, tales como haber falseado la revolución federalista; perseguido a los que no se adhirieron a su ambición retirando la moneda de cobre; ocultar la mala situación del Erario; tomar por leva a artesanos y jornaleros; simular plazas militares que no existían; disimular el contrabando, la corrupción de la justicia mal pagada; y desentenderse de la desmembración del territorio nacional en Yucatán y Tejas. A causa de esta denuncia, las elecciones que tuvieron lugar el 5 de marzo de ese año, para designar electores que debian a su vez, elegir Diputados a un Congreso Constituyente, lograron una mayoría liberal que preocupaba no sólo a Santa Anna que sentía tambalearse la dictadura, sino también al Clero, pues a pesar de que éste tenía grandes resentimientos por habérsele exigido altas contribuciones, por haberse dispuesto de la plata de los Jesuitas, depositada con el Obispo de Puebla, por haberse adjudicado a un tal General Valencia una importante finca de los Juaninos, deciéndole además la administración del Fondo Piadoso de las Californias, el propio Clero temía mucho más que nada, al federalismo triunfante y a la reforma que se avecinaba.
Ante el Congreso Constituyente instalado el 10 de junio siguiente, Santa Anna se atrevió a defender el centralismo; y algunos diputados presentaron un proyecto que conciliaba su postura con el federalismo. El proyecto se retiró y las Logias redoblaron sus esfuerzos en pro del federalismo, apoyados por la prensa. Finalmente, la causa triunfó; Santa Anna, desairado y mal dispuesto, siguió cometiendo abusos y errores contra el federalismo; por ejemplo exigir en Yucatán impuestos de un real por cada canal y otro por cada rueda de coche, arrendar la Casa de Moneda de Zacatecas por 14 años, seguir comprometiendo el honor nacional en Tejas, etc. El 26 de octubre de 1842 se retiró del gobierno y lo entregó a Nicolás Bravo; pero a base de nuevas intrigas, aliado como siempre con las milicias y los clericales, logró que en San Luis Potosí, Querétaro, Puebla y otras entidades, se pidiera la disolución del Congreso Constituyente y que una Junta de Notables fuese comisionada para formular la Constitución aún pendiente. A esto se oponían naturalmente los ciudadanos liberales y las milicias cívicas, en cuyo seno figuraban los masones. Muy vacilante, el Presidente Nicolás Bravo, atemorizado además por los levantamientos que propiciaba el Ministro García Tornel, por Decreto del 19 de diciembre de 1842 disolvió el Congreso y designó la susodicha Junta de Notables, contra toda protesta del propio Congreso presidido por Francisco Elorriaga. El 6 de enero de 1843, la Junta se constituyó en Nacional Legislatura, presidida por aquel General Valencia, favorecido de Santa Anna. Se alegó airadamente que esa Legislatura no representaba al Pueblo y, por lo mismo, carecía de toda facultad legal. No obtante, habiendo sido hechos prisioneros los dirigentes liberales como Gómez Pedraza, Mariano Otero, José Ma. Lafragua y otros, Santa Anna relevó al Presidente Bravo; y volvió, el 5 de mayo de ese año, a gobernar dictatorialmente.
El 24 de junio de 1844, fecha en que los masones se disponían a celebrar la fiesta de su orden, se vieron atacados agresivamente por el gobierno. Se les clausuró la imprenta de su propiedad, en la que se editaba el periódico llamado "El Diablo Cojuelo" (tal vez aludiendo a la cojera de Santa Anna); y se apresó a muchos de ellos. No obstante, el periódico siguió apareciendo con gran extrañeza de sus enemigos.
Ante esas y otras mayores arbitrariedades, el Gral. Céspedes se pronunció en la Acordada, secundado por el Gral. Paredes en Guadalajara. Los militares que debieron defender el Palacio Nacional, bajo las órdenes del Gral. Canalizo, defeccionaron, secundando el movimiento llamando para que se hiciera cargo del Gobierno, al Gral. José Joaquín de Herrera, quien restituyó el Congreso Constituyente. Estos acontecimientos entusiasmaron al pueblo; la estatua de Santa Anna que se alzaba en el Mercado, fue derribada, así como el monumento que contenía su píe; y se quemaron sus retratos. Pero no obstante la caída del dictador, los masones no estaban de acuerdo con el pronunciamiento del Gral. Paredes.
De la Historia de la Masonería en México, escrito por José María Mateos.
Resumen por Ma. Luisa Gómez S. y Celia C. de Atayde.
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jueves, 29 de octubre de 2015
3- LA MASONERÍA EN MÉXICO
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VIII. A mediados de 1831 los yorkinos y los nacionales se aliaron contra los escoceses, el clero y la alta burguesía que representaban el retroceso. Entre los masones progresistas figuraban Andrés Quintana Roo, esposo de Leona Vicario, Valentín Gómez Farías, notable político, Crescencio Rejón, coautor del juicio constitucional de amparo, y el doctor José María Luis Mora, escritor y crítico.
Sobrevino entonces otro pronunciamiento que en 1832 consiguió echar de la Presidencia a Bustamante; y otro más, de las tropas de Antonio López de Santa Anna y generales que lo secundaban llamando a la Presidencia de la República a Gómez Pedraza, a quien Bustamante no había dejado volver a México; Santa Anna contaba con los yorkinos. Los escoceses seguían sosteniendo a Bravo; y los nacionales a Manuel Terán, que lamentablemente murió.
Ya para esa época, el Rito Nacional Mexicano tenía, además de la Gran Logia en la capital de la República, las de los estados de Jalisco y México con siete y seis Logias Simbólicas, respectivamente. El Rito usaba hasta entonces, signos y tocamientos y palabras especiales; pero fueron derogados y se adoptaron los de la masonería universal. También se proclamaron en 1832, amplias relaciones de amistad y fraternidad con todos los demás Grandes Orientes.
IX.- En 1833 el Rito Nacional Mexicano quedó reformado conforme a las siguientes directrices: 1a.- Se admite la fraternidad de adopción de los masones de cualquier otro Rito, procurando la conciliación de todos. 2a.- Se buscará el reconocimiento por parte de los demás Grandes Orientes. 3a.- Se tendrán presentes, en primer término, los intereses de la Patria Mexicana, luchando contra toda intromisión extranjera. Se apoyará el federalismo; se eliminará al clero de la educación del pueblo; se abolirán los fueros eclesiástico y militar;se suprimirán las órdenes monásticas; se derogará la pena de muerte, excepto para el homicidio premeditado; se fomentará la colonización del territorio nacional, pero conservando idioma, usos y costumbres mexicanos. 4a.- Se propagará en América un republicanismo independiente, contra las pretenciones monárquicas europeas, reconociendo a los Grandes Orientes de la propia América, o iniciándolos con personas idóneas. 5a.- Se abrirá la masonería de adopción a todas las clases sociales, por conducto de la Cámara de los Caballeros del Aguila Mexicana. 6a.- Se hará lo mismo con relación a las señoras, atendiendo a la influencia que tienen en la formación de los hijos.
Las ideas asimismo reformistas de Valentín Gómez Farías que era masón mexicano y, en 1834, Vicepresidente de la República por tercera vez, provocaron la división del Partido Liberal y la oposición de los conservadores. En la propia Cámara de Diputados se censuró al gobierno y, por otra parte, un masón mexicano también, Rodríguez Puebla, se pronunció exaltadamente por los antiguos privilegios civiles y religiosos de los indígenas, mientras que Gómez Farías propugnaba por la fusión de todos los mexicanos en una sola nacionalidad. Estas discordias propiciaron el regreso de Santa Anna a la Presidencia de la República.
X. Gómez Pedraza, que había sido masón del Rito Escocés, formó en el mismo año de 1834 el Rito de los Yorkinos Federalistas, llamados también Anfitiones, de los cuales nació un partido político moderado que tenía como fin contener las exageraciones de los progresistas y los retrógradas. Dichos moderados fracasaron; y algunos quedaron fieles al absolutismo de Santa-Anna, masón escocés, fuertemente apoyado por el clero que, para entonces, tenía un capital calculado en 180 millones de pesos y una renta de 7 y medio millones; e igualmente apoyado por las milicias cuyo sostenimiento mermaba considerablemente los erarios públicos.
Así las cosas, se proclamó en Cuernavaca un plan de religión y fueros, y se desató la persecución contra la masonería mexicana y contra las milicias civiles, entre ellas, las del Estado de Zacatecas, cuyo sometimiento brutal dio al traste con el federalismo, surgiendo un gobierno centralista.
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VIII. A mediados de 1831 los yorkinos y los nacionales se aliaron contra los escoceses, el clero y la alta burguesía que representaban el retroceso. Entre los masones progresistas figuraban Andrés Quintana Roo, esposo de Leona Vicario, Valentín Gómez Farías, notable político, Crescencio Rejón, coautor del juicio constitucional de amparo, y el doctor José María Luis Mora, escritor y crítico.
Sobrevino entonces otro pronunciamiento que en 1832 consiguió echar de la Presidencia a Bustamante; y otro más, de las tropas de Antonio López de Santa Anna y generales que lo secundaban llamando a la Presidencia de la República a Gómez Pedraza, a quien Bustamante no había dejado volver a México; Santa Anna contaba con los yorkinos. Los escoceses seguían sosteniendo a Bravo; y los nacionales a Manuel Terán, que lamentablemente murió.
Ya para esa época, el Rito Nacional Mexicano tenía, además de la Gran Logia en la capital de la República, las de los estados de Jalisco y México con siete y seis Logias Simbólicas, respectivamente. El Rito usaba hasta entonces, signos y tocamientos y palabras especiales; pero fueron derogados y se adoptaron los de la masonería universal. También se proclamaron en 1832, amplias relaciones de amistad y fraternidad con todos los demás Grandes Orientes.
IX.- En 1833 el Rito Nacional Mexicano quedó reformado conforme a las siguientes directrices: 1a.- Se admite la fraternidad de adopción de los masones de cualquier otro Rito, procurando la conciliación de todos. 2a.- Se buscará el reconocimiento por parte de los demás Grandes Orientes. 3a.- Se tendrán presentes, en primer término, los intereses de la Patria Mexicana, luchando contra toda intromisión extranjera. Se apoyará el federalismo; se eliminará al clero de la educación del pueblo; se abolirán los fueros eclesiástico y militar;se suprimirán las órdenes monásticas; se derogará la pena de muerte, excepto para el homicidio premeditado; se fomentará la colonización del territorio nacional, pero conservando idioma, usos y costumbres mexicanos. 4a.- Se propagará en América un republicanismo independiente, contra las pretenciones monárquicas europeas, reconociendo a los Grandes Orientes de la propia América, o iniciándolos con personas idóneas. 5a.- Se abrirá la masonería de adopción a todas las clases sociales, por conducto de la Cámara de los Caballeros del Aguila Mexicana. 6a.- Se hará lo mismo con relación a las señoras, atendiendo a la influencia que tienen en la formación de los hijos.
Las ideas asimismo reformistas de Valentín Gómez Farías que era masón mexicano y, en 1834, Vicepresidente de la República por tercera vez, provocaron la división del Partido Liberal y la oposición de los conservadores. En la propia Cámara de Diputados se censuró al gobierno y, por otra parte, un masón mexicano también, Rodríguez Puebla, se pronunció exaltadamente por los antiguos privilegios civiles y religiosos de los indígenas, mientras que Gómez Farías propugnaba por la fusión de todos los mexicanos en una sola nacionalidad. Estas discordias propiciaron el regreso de Santa Anna a la Presidencia de la República.
X. Gómez Pedraza, que había sido masón del Rito Escocés, formó en el mismo año de 1834 el Rito de los Yorkinos Federalistas, llamados también Anfitiones, de los cuales nació un partido político moderado que tenía como fin contener las exageraciones de los progresistas y los retrógradas. Dichos moderados fracasaron; y algunos quedaron fieles al absolutismo de Santa-Anna, masón escocés, fuertemente apoyado por el clero que, para entonces, tenía un capital calculado en 180 millones de pesos y una renta de 7 y medio millones; e igualmente apoyado por las milicias cuyo sostenimiento mermaba considerablemente los erarios públicos.
Así las cosas, se proclamó en Cuernavaca un plan de religión y fueros, y se desató la persecución contra la masonería mexicana y contra las milicias civiles, entre ellas, las del Estado de Zacatecas, cuyo sometimiento brutal dio al traste con el federalismo, surgiendo un gobierno centralista.
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martes, 27 de octubre de 2015
2 - LA MASONERÍA EN MÉXICO
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IV. También en 1825, debido a las irregularidades que existían tanto en el Rito de York como en el Escocés, se planteó la conveniencia de fundar el Rito Nacional Mexicano, con el propósito de unificar a escoceses con yorkinos, manteniendo los principios universales de la Masonería. Para este fin se reunieron los HH. Guillermo Gardett, José Ma. Mateos, Guillermo Lamont, Luis Luelmo y Goyanes, Cayetano Rinaldi, Carlos Rinaldi, Juan Ma. Mateos, Francisco Ocampo y Mariano Rodríguez, 5 escoceses y 4 yorkinos. Ya para entonces existía análogamente, el Rito Francés en Europa. Se discutió bastante sobre la regulaización del nuevo Rito Mexicano y se nombró una comisión que propusiera las bases. Los nombrados para este efecto fueron: Cayetano Rinaldi, Luis Luelmo y Goyanes y José Ma. Mateos, autor del libro que se viene resumiendo.
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IV. También en 1825, debido a las irregularidades que existían tanto en el Rito de York como en el Escocés, se planteó la conveniencia de fundar el Rito Nacional Mexicano, con el propósito de unificar a escoceses con yorkinos, manteniendo los principios universales de la Masonería. Para este fin se reunieron los HH. Guillermo Gardett, José Ma. Mateos, Guillermo Lamont, Luis Luelmo y Goyanes, Cayetano Rinaldi, Carlos Rinaldi, Juan Ma. Mateos, Francisco Ocampo y Mariano Rodríguez, 5 escoceses y 4 yorkinos. Ya para entonces existía análogamente, el Rito Francés en Europa. Se discutió bastante sobre la regulaización del nuevo Rito Mexicano y se nombró una comisión que propusiera las bases. Los nombrados para este efecto fueron: Cayetano Rinaldi, Luis Luelmo y Goyanes y José Ma. Mateos, autor del libro que se viene resumiendo.
V. El 22 de agosto de 1825 se aprobaron las siguientes bases: 1a.- El Rito Nacional Mexicano sería libre e independiente como la nación mexicana. 2a.- Constaría de un Supremo Gran Oriente y de una Gran Logia, bajo cédulas propias y legalizadas. 3a.- Los grados simbólicos serían tres (Aprendiz, Compañero y Maestro); y los altos grados serían seis con las denominaciones que después se adoptaran y que resultaron ser, Maestro Aprobado, Caballero del Secreto, Caballero del Aguila Mexicana, Perfecto Artífice, Gran Juez y Gran Inspector de la Orden. 4a.- En cada estado de la República se instalaría una Gran Logia, compuesta por lo menos, de 5 logias. 5a.- Se trabajaría por el mejoramiento del hombre y sus virtudes, en aras de la sabiduría, la concordia y la fraternidad. La primera Gran Logia Nacional Mexicana se instaló el 26 de marzo de 1826, con el nobre de "La Luz", y quedó formada por 5 logias, a saber: La Anahuacense, Igualdad, hoy Independencia, en la que fue iniciado Benito Juárez G.; Terror de los Tiranos; Despreocupación Indiana y Luz Mexicana.
VI. Para 1825 existían ya, en la República, 101 Logias pertenecientes al Rito Nacional Mexicano; varias de ellas, en el seno del Ejército, por lo que representaban una gran fuerza. También las Logias que aún persistían en el Rito Escocés, trataron de penetrar en el Ejército, lográndolo con mucho menor éxito.
VII. Siendo Presidente de la República Guadalupe Victoria, que lo fue de 1824 a 1829, se valió del fraile Simón Cruz para formar una sociedad llamada "Aguila Negra", con cierto carácter masónico, aunque sus miembros se decían guadalupanos. Esta sociedad se unió a los yorkinos. Simón Cruz fue desterrado a Yucatán, al parecer por una maniobra del mismo Guadalupe Victoria; y allá murió. Por su parte, los yorkinos veneraban y festejaban públicamente a la Virgen de Guadalupe; y presidieron las honras fúnebres de Prisciliano Sánchez, masón del mismo Rito y Gobernador de Jalisco. No queriendo ser menos, los escoceses idearon la sociedad de los Novenarios, en cuyo seno, cada uno de nueve masones principales, deberían reclutar otros nueve, y cada uno de estos 81, a otros nueve, y así sucesivamente. Tuvieron el apoyo clerical, porque su número llegó a ser mayor que el de los yorkinos; y también públicamente veneraban y festejaban a la Virgen del Pilar y a Santiago.
En 1827, Nicolás Bravo, Vicepresidente de la República y Gran Maestro de los Escoceses, encabezó el pronunciamiento de Otumba contra las sociedades masónicas y los ministros del gobierno, pidiendo la expulsión de Poinsett, Embajador de los Estados Unidos. Bravo fue derrotado en Tulancingo por Vicente Guerrero, Gran Maestro de los Yorkinos. El entonces Ministro de Guerra, Manuel Gómez Pedraza, hizo prisionero a Bravo, a quien la Cámara de Diputados, en su mayoría del Rito Escocés, perdonó la vida, desterrándolo del país; pero esos mismos diputados decretaron la persecución de las sociedades secretas, igual que lo había hecho antes el gobierno español, imponiendo a quienes la integraban severas penas de suspensión o destitución de empleo, prisión temporal o perpetua, y destierro. El propósito oculto de esas medidas era combatir a las Logias Yorkinas, las cuales, precavidamente, se disolvieron en apariencia, denunciando en cambio a las propias Logias Escocesas que fueron las que recibieron el rigor de dichas penas. El encono entre ambos bandos masónicos, agregó adeptos al Rito Nacional Mexicano.
Mientras tanto, Ramos Arizpe, Ministro de Negocios Eclesiásticos del mismo Presidente Guadalupe Victoria, tomando en cuenta las acusaciones de los masones mexicanos contra el clero, comenzó a limitar las rentas de la iglesia y de las capellanías, así como el disfruto de los bienes que recibían por testamentaría.
A su vez, los yorkinos fomentaban la separación de los españoles, de los puntos públicos que seguían ocupando; y también su expulsión. Esto lo decretó Lorenzo de Zavala, Gobernador del Estado de México.
Los mismos yorkinos postularon para la Presidencia de la República a Vicente Guerrero, y sus opositores, que eran españoles, curas y ricos, postularon a Gómez Pedraza, quien resultó electo por mayoría; y aunque correspondía la Vicepresidencia al mismo Guerrero, hubo otro pronunciamiento, el de la Acordada y saqueo del Parián, que elevaron a la Presidencia al propio Guerrero. Pero su gobierno fue derribado y las clases privilegiadas colocaron en la Presidencia a Anastacio Bustamante que la ocupó de 1830 a 1832, y quien traicionó a la masonería mandando fusilar a muchos masones, entre ellos a Vicente Guerrero cuya cabeza compró a Picaluga.
De la Historia de la Masonería en México, escrito por José María Mateos.
Resumen por Ma. Luisa Gómez S. y Celia C. de Atayde
Keywords:
Masonería, Masonry, Maçonnerie, Mauerwerk, Muratura, Maçoneria, Fábrica, Saoirseachta, Múrvek, Kamieniarstwo, Alvenaria
VI. Para 1825 existían ya, en la República, 101 Logias pertenecientes al Rito Nacional Mexicano; varias de ellas, en el seno del Ejército, por lo que representaban una gran fuerza. También las Logias que aún persistían en el Rito Escocés, trataron de penetrar en el Ejército, lográndolo con mucho menor éxito.
VII. Siendo Presidente de la República Guadalupe Victoria, que lo fue de 1824 a 1829, se valió del fraile Simón Cruz para formar una sociedad llamada "Aguila Negra", con cierto carácter masónico, aunque sus miembros se decían guadalupanos. Esta sociedad se unió a los yorkinos. Simón Cruz fue desterrado a Yucatán, al parecer por una maniobra del mismo Guadalupe Victoria; y allá murió. Por su parte, los yorkinos veneraban y festejaban públicamente a la Virgen de Guadalupe; y presidieron las honras fúnebres de Prisciliano Sánchez, masón del mismo Rito y Gobernador de Jalisco. No queriendo ser menos, los escoceses idearon la sociedad de los Novenarios, en cuyo seno, cada uno de nueve masones principales, deberían reclutar otros nueve, y cada uno de estos 81, a otros nueve, y así sucesivamente. Tuvieron el apoyo clerical, porque su número llegó a ser mayor que el de los yorkinos; y también públicamente veneraban y festejaban a la Virgen del Pilar y a Santiago.
En 1827, Nicolás Bravo, Vicepresidente de la República y Gran Maestro de los Escoceses, encabezó el pronunciamiento de Otumba contra las sociedades masónicas y los ministros del gobierno, pidiendo la expulsión de Poinsett, Embajador de los Estados Unidos. Bravo fue derrotado en Tulancingo por Vicente Guerrero, Gran Maestro de los Yorkinos. El entonces Ministro de Guerra, Manuel Gómez Pedraza, hizo prisionero a Bravo, a quien la Cámara de Diputados, en su mayoría del Rito Escocés, perdonó la vida, desterrándolo del país; pero esos mismos diputados decretaron la persecución de las sociedades secretas, igual que lo había hecho antes el gobierno español, imponiendo a quienes la integraban severas penas de suspensión o destitución de empleo, prisión temporal o perpetua, y destierro. El propósito oculto de esas medidas era combatir a las Logias Yorkinas, las cuales, precavidamente, se disolvieron en apariencia, denunciando en cambio a las propias Logias Escocesas que fueron las que recibieron el rigor de dichas penas. El encono entre ambos bandos masónicos, agregó adeptos al Rito Nacional Mexicano.
Mientras tanto, Ramos Arizpe, Ministro de Negocios Eclesiásticos del mismo Presidente Guadalupe Victoria, tomando en cuenta las acusaciones de los masones mexicanos contra el clero, comenzó a limitar las rentas de la iglesia y de las capellanías, así como el disfruto de los bienes que recibían por testamentaría.
A su vez, los yorkinos fomentaban la separación de los españoles, de los puntos públicos que seguían ocupando; y también su expulsión. Esto lo decretó Lorenzo de Zavala, Gobernador del Estado de México.
Los mismos yorkinos postularon para la Presidencia de la República a Vicente Guerrero, y sus opositores, que eran españoles, curas y ricos, postularon a Gómez Pedraza, quien resultó electo por mayoría; y aunque correspondía la Vicepresidencia al mismo Guerrero, hubo otro pronunciamiento, el de la Acordada y saqueo del Parián, que elevaron a la Presidencia al propio Guerrero. Pero su gobierno fue derribado y las clases privilegiadas colocaron en la Presidencia a Anastacio Bustamante que la ocupó de 1830 a 1832, y quien traicionó a la masonería mandando fusilar a muchos masones, entre ellos a Vicente Guerrero cuya cabeza compró a Picaluga.
De la Historia de la Masonería en México, escrito por José María Mateos.
Resumen por Ma. Luisa Gómez S. y Celia C. de Atayde
Keywords:
Masonería, Masonry, Maçonnerie, Mauerwerk, Muratura, Maçoneria, Fábrica, Saoirseachta, Múrvek, Kamieniarstwo, Alvenaria
viernes, 16 de octubre de 2015
1 - LA MASONERIA EN MEXICO
rito.nacional.mexicano@gmail.com
I. Fue en 1806 cuando se fundó en México la primera Logia. Era del Rito Escocés y pertenecieron a ella varios Regidores del Ayuntamiento de la Ciudad de México, entre ellos, el Lic. Primo Verdad, así como personajes notables como Hidalgo, Allende y Miguel Domínguez esposo de Josefa Ortiz. El Virrey Iturrigaray trató a esos masones con simpatía, y aun aprobaba el movimiento de Independencia que se estaba gestando, mismo que se inició públicamente en 1808 por el propio Lic. Verdad.Con ese motivo y también debido a la renuncia de Fernando VII al trono de España, ocupad por José Bonaparte, hermano de Napoleón, el Virrey fue hecho prisionero junto con algunos de los miembros de esa Logia. La persecución de los masones, considerados herejes, estuvo a cargo de la Santa Inquisición. Por tanto quedaron en suspenso los trabajos de dicha Logia.
II. A partir de 1813, el Rito Escocés se restableció, fomentado por las tropas españolas que, como expedicionarias, vinieron a sofocar el movimiento de intependencia que había prosperado. No obstante que los mexicanos no se consideraban dignos de ser masones, algunos sí fueron admitidos; entre ellos, Nicolás Bravo, quien promovió la integración de Logias verdaderamente mexicanas, aunque siempre pertenecientes al Rito Escocés. Esas Logias intervinieron patrióticamente e el derrocamiento del Imperio de Iturbide, sostenido por la burguesía española y por el clero. En cambio, las Logias integradas por españoles, perdieron sus puntos de vista conservadores en cuestiones políticas, y prácticamente desaparecieron desde 1825.
III. En ese mismo año se hicieron masones conforme al Rito de York, algunos sacerdotes y políticos; entre elos Guadalupe Victoria que era el primer Presidente de la República; y se formaron 5 Logias que recabaron sus cartas o patentes reguladoras de Pinsett, Ministro de los Estados Unidos. El Venerable de una de esas Logias fue Vicente Guerrero; a otra de ellas se afilió Anastacio Bustamante; y la llamada Logia India Azteca, fundada en 1826, sostuvo su mexicanismo frente al españolismo todavía muy influyente.
De la Historia de la Masonería en México, escrito por José María Mateos.
Resumen por Ma. Luisa Gómez S. y Celia C. de Atayde.
Keywords:
Masonería, Masonry, Maçonnerie, Mauerwerk, Muratura, Maçoneria, Fábrica, Saoirseachta, Múrvek, Kamieniarstwo, Alvenaria
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Alvenaria,
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